¿ El huevo o la gallina?
El cordón industrial tiene ese no se qué. Basta con recorrer por la ruta 11 las distintas ciudades y uno puede observar paisajes que distan de ser agradables a la vista: en Capitán Bermúdez podés cruzarte con Celulosa Argentina, con su característico olor a “coliflor” hervido; en San Lorenzo, las innumerables chimeneas de humo, las lluvias de “petróleo” los “ escapes” al río Paraná, y hasta puede recorrer las montañas de azufre dentro del predio de la empresa Axon Nobel , para terminar en Puerto General San Martín viendo como las cáscaras de cereal sobrevuelan el aire frente a la empresa Bunge, a escasos cinco metros de las viviendas.
Todo esto ocurre desde hace años en esta región, conocida como el cordón industrial, aquella zona productiva que los años 90 logró devastar con el cierre de varias fábricas, dejando miles de desocupados.
Años después y a pasos agigantados, el cordón, se convirtió en el polo agroexportador de granos más importante del país; de donde se exporta el 40% de cereales, minerales y oleaginosas del país.
Tras varios años de recesión económica, y con altos niveles de desocupación en la región; en 1997, comienzan a desembarcar nuevas industrias; preparados para la exportación. De esta manera fueron surgiendo, Cargill, Terminal 6, Nidera,
La mayoría de la masa trabajadora de la región; vio con buenos ojos este nuevo panorama que les ofrecía la recuperación del cordón industrial y de la posibilidad de nuevos horizontes para los miles de desocupados; y muchos de estos ciudadanos, fabricaron sus viviendas junto a estas industrias.
Las grandes agroexportadoras convirtieron a la zona en una de las más importantes del país, se generó mano de obra; se reactivaron pymes y el comercio local; se exportaban millones de toneladas en granos, y la industria petroquímica y petrolera creció a pasos agigantados
Sin embargo, la falta de planificación de las autoridades legislativas y ejecutivas, provocaron innumerables problemas en una ciudad en la que conviven vecinos junto a cerealeras a una distancia invisible, y por otra parte el poder legislativo hizo caso omiso a la legislación provincial vigente que prohíbe la instalación de las industrias a dos kilómetros del ejido urbano.
Polvillo en el aire; ruidos molestos; el paso de camiones 24 horas del día, son sólo alguno de los ejemplos de lo que se enfrentan cotidianamente los vecinos; y sus consecuencias no tardaron en llegar: alergias, enfermedades; cánceres de todo tipo, malformaciones, embarazos perdidos y hasta la muerte; como ocurrió aquel mediodía del 27 de abril del 2002; cuando explotó un silo de la empresa ACA, dejando dos personas muertas; una veintena de heridos y una ciudad conmocionada por el espanto y el miedo, porque la onda expansiva provocó la explosión de vidrios de las viviendas ubicadas en el perímetro de la empresa.
Desde el incidente, una Ong denominada Asamblea por la vida, comenzó a reclamar a las autoridades locales, provinciales y nacionales; mayores controles sobre estas industrias, y además les exigieron que las industrias como ACA, se fueran del radio urbano. Ninguno de los pedidos fueron respondidos por ninguno de los gobiernos de turno, como tampoco nunca se conocieron monitoreos de aire.
A principios de noviembre de este año la secretaría de medio ambiente de la provincia, rechazó el pedido de la empresa Molinos de invertir 50 millones de pesos, para la construcción de una celda de almacenamiento, por considerar que afectaba la calidad de vida de los vecinos. Previamente, en abril de este año, el concejo de la ciudad le había negado otro pedido a la misma empresa para la construcción de un puerto líquido, una inversión que demandaría 25 millones de dólares.
Sin embargo, cuesta comprender la falta de compromiso de autoridades locales y provinciales sobre la cuestión del medioambiente de las diferentes ciudades del cordón
No se trata aquí de erradicar a las industrias, y de no defender las fuentes de trabajo que se crean a través de la cadena de producción que generan estas grandes industrias; sino de planificar una región donde vecinos y empresas convivan, por un lado dentro del marco de la ley; y por otro; donde las grandes agroexportadoras inviertan parte de lo que estas recaudan en la región en barreras forestales, tecnología para eliminar las emisiones de polvo; en definitiva, para mejorar la calidad de vida de los vecinos.
