lunes, 2 de agosto de 2010

Punto de partida


Un hombre de 62 años se quitó la vida durante la madrugada del viernes 30 de abril. Antes de eso incendió su casa, ubicada en Villa La Rivera, para finalmente encerrarse en el baño y dispararse en la cabeza. Ese recinto fue el único no afectado por el fuego, que arrasó toda la vivienda.
Según fuentes policiales, Enzo Alberto Cossiani habría planificado todo muy minuciosamente. Si bien desde hacía varios meses se veía acechado por el avance de una enfermedad (diabetes) que ya lo había dejado casi ciego, se manejó con soltura para alcanzar su cometido. Cerca de la medianoche habría rociado con combustible la casa ubicada en el margen norte de la Ruta Provincial 91, en la que vivía junto a su mujer, quien no se encontraba esa noche en el lugar.
Luego de prender el fuego, que comenzó en el frente del inmueble, se encerró en el baño, ubicado en el fondo y se disparó en la cabeza con un revólver calibre 32. Cuando el personal policial lo halló, cerca de las tres de la madrugada, también encontraron junto al cadáver una escopeta calibre 16.
La vivienda fue totalmente devastada por el fuego, a excepción del baño donde se encontraba Cossiani. Además, se quemó parte del depósito del Autoservicio de su propiedad que se encuentra lindero a la casa y también fue afectado un galpón donde se encontraban dos autos.
La decisión de este hombre, que aparentemente era una persona activa y de carácter muy fuerte, llegó en un momento donde la enfermedad lo había acorralado de tal modo que le había disminuido su visión casi totalmente.
La historia de esta familia se ve afectada nuevamente por la tragedia, porque Cossiani sufrió la pérdida de una hija, quien se suicidó años atrás, y que dio paso a una leyenda urbana,transmitida por los colectiveros que llegaban a Andino y que juraban encontrarse con el espíritu de la joven muerta.
En el Autoservicio se encontró una carta, escrita con letra casi ilegible, donde el fallecido sólo pedía ser cremado.





MATERIAL UTILIZADO

Raúl



“Hace 30 años que laburo para esta empresa, estoy cansado de hacer todos los días lo mismo, me quiero jubilar, estar más tiempo con mis hijos” se quejaba Raúl a Pablo Yacuzzi, mientras acomodaba el asiento del conductor y cambiaba algunos objetos personales, como la bolita que recorre la palanca de cambios del colectivo de la Línea Expreso, unidad 386 que recorre todos los días el trayecto Rosario-Andino.
Los choferes tienen un fetiche con llevar objetos personales y decorar los coches con luces estrambóticas, y las bochitas de la palanca son algo “muy personal” para ellos.
Raúl es colectivero hace treinta y cinco años, su padre había querido que Raúl estudiara en el Liceo Militar, pero Raúl se rebeló de adolescente y se fue de su casa a vivir con un amigo. Cómo no tenía dinero, Osvaldo, su compañero, le presentó a su suegro, quien en ese momento tenía una pequeña empresa de colectivos.
Raúl empezó a trabajar para el suegro de Osvaldo, y nunca más se bajó de un colectivo.
A los 60 años, Raúl sentía el peso de la edad encima, le dolía la espalda, y ningún almohadón que le agregara a su asiento le calmaba el dolor; y a pesar de que ya tenía edad de jubilarse, su necesidad de seguir activo y sentirse útil, lo seguía llevando a levantarse cada día a las ocho de la mañana y volver a su casa a las nueve de la noche
El día en que vio por primera vez a Valeria en la ruta, hacía dos grados bajo cero de temperatura; el motor del colectivo hacia un ruido ronco y costaba calentarlo, por eso tardó unos minutos mas en salir del galpón de la empresa Continental ubicado en Puerto General San Martín.
A Raúl le costaba entrar en calor y todos los días se preguntaba porqué continuaba haciendo los mismo todos los días de su vida desde que tenía 25. Sus hijos ya se habían casado, estaban bien económicamente, y su casa no demandaba muchos gastos, porque tan sólo había quedado Raúl, su mujer y su perro Paco.
Salió despacito por calle Córdoba, y observó que no había nadie en los alrededores, era un sábado por la mañana, y el bar de la esquina abría a las 10; pero eran las 9 y Raúl pensaba en comprarse unas medialunas de la panadería que quedaba a dos cuadras, porque no le gustaba desayunar apenas se levantaba, nunca tenía hambre.
Pensaba en Estela, su mujer que ayer no se sentía bien, decía sufrir dolores en el pecho y eso lo preocupaba, y se decía a si mismo que cuando terminase su turno iba a llevarla a la guardia, no quería esperar a que la atendiera el médico el lunes; en dos días cualquier cosa podía pasar.
Los días sábados poca gente se sube al coche, pocos trabajan, y los fines de semana son aprovechados por las abuelas que van a visitar a sus familias a Andino, u Oliveros, dos localidades bastante alejadas y no fáciles de llegar.
Había helado durante la madrugada, se podía ver la escarcha y los campos “blancos” cubiertos de hielo.
El día estaba terminando, al igual que su turno, y estaba pensando en que le estaría preparando Estela de comer, ya tenía hambre, y quería comer temprano, mirar el partido e irse a acostar.
Un pasajero que vive en Oliveros le había contado algo que lo había dejado pensativo; al principio no le creyó y después empezó a interesarse por la historia.
Se acordaba de una leyenda del norte argentino que era muy similar a la que el pasajero le contaba, y eso hacía menos creíble la historia.
“- Eso es el Pomberito”
-¿El Bomberito? Le replicó el pasajero
-No, el Pombero, el Pomberito, es un mito del norte argentino, mi hermano Carlos vive en Santiago del Estero y cuando fui me contó que por las noches sale a asustar personas, dicen que es enano, peludo y que le gusta mucho las mujeres. Si les pone un dedo en la panza las embaraza.
-Jajaja, bueno la voy a cuidar a mi señora entonces. Pero te digo que este no se si será el pomberito pero anoche mis chicos lo vieron corriendo en el patio del fondo y se asustaron mucho.
-No sé, me parece poco creíble tu historia
-En serio Raúl, acá en Oliveros ya lo vieron varias veces, y anoche vino mi suegra, y nadie le había contado nada de este “bicho” para que no se asustara, y anoche empezó a los gritos porque dice que un enano peludo pasó por al lado de la ventana.
- Ese fuiste vos Ricardo, no me jodas, la querías joder a tu suegra jaja- bromeó Raúl
- Te digo que no, que acá todos lo ven por la noche, y tienen miedo de que los ataque a los chicos.
Ya no quedaba nadie en el colectivo, aunque su recorrido no había terminado, pero eran las 8 de la noche, y en el invierno la gente no sale del pueblo cuando oscurece y menos un día sábado.
No la vio subir, el creyó que el coche estaba vacío, pero su cansancio podría haberle jugado una mala pasada; ¿estaba loco?
No recordaba tampoco en que parte del recorrido se había subido, porque no la había visto hace rato.
La miraba por el espejo retrovisor, era muy pálida, con poca ropa no acorde al frío que hacía esa noche. Tendría unos 24 años, ni gorda ni delgada y miraba por la ventana sin expresión.
_Tengo Frío
Raúl se asustó y la miró extrañado, no la vio venir
-Tengo frío
- La vio más blanca que nunca, hasta la ropa que usaba era rara, no podía describirla. Tardó en reaccionar.
-Tomá mi campera
Se quitó el abrigo aunque tuviese frío, pensaba que la mujer que estaba enfrente podría necesitarlo más que él.
La miró, ella no le agradeció el gesto y camino hacia el fondo del colectivo.
No la vio más, desapareció sin dejar rastro, sin tocar timbre, sin decirle gracias por la cambera. Se esfumó, sin saber por donde, porque nunca oprimió el botón que abría la puerta para que la chica se bajara.
No la había visto subir y tampoco la había visto bajar, un frío le corrió por la espalda y una patada fuerte le sacudió el estómago.
¿Habría inventado el encuentro?
-No puede ser mi imaginación porque la vi y me habló, le di mi campera y ahora mi campera no esta, pensó.
Estaba solo ahora y no tenía testigos que le contaran lo que había pasado, si se lo contaba a su mujer no le iba a creer, le iba a decir que estaba loco, que el cansancio le hacia inventar historias.
A medida que pasaban los minutos, el miedo lo invadió, estaba confundido y no sabía que hacer. La noche caía sobre la ruta larga, una hermosa noche, con una luna clara y a Raúl todavía le quedaba dar la vuelta del recorrido y volver al galpón.
Subió la velocidad más de lo normal, y no habló con ningún pasajero más, tenía miedo de volver a ver a la chica que había estado en su colectivo pero que había desaparecido sin dejar rastro
Llegó por fin al galpón, estacionó el colectivo y descendió dubitativo. El portero lo miró y lo saludó, pero Raúl no respondió, estaba en su mundo, preocupado por lo que le había ocurrido.
No quiso comer, a pesar de que moría de hambre, daba vuelta el tenedor sobre la pasta, y su mujer lo notó raro; pero no quiso decirle nada, se excusó de mala manera y se fue a acostar.
Pasó la noche con la imagen de la joven en su mente, y repetía una y otra vez el corto dialogo que habían tenido.
-Mierda! , no puedo pegar un ojo y tengo que levantarme en 4 horas. Mañana hablo a la empresa y renuncio ya estoy viejo e imagino estupideces.
A las 7 de la mañana el despertador sonó y Raúl maldijo a cuanto ser viviente existiese en este mundo. No había dormido en toda la noche, y no tenía ganas de subirse al colectivo ¿Qué pasaría si la vuelve a ver?
Tomó dos mates amargos y salió de su casa, el galpón quedaba a pocas cuadras y salió caminando para tomar un poco de aire.
Respiró profundo e ingresó al galpón, lo saludó a Osvaldo y éste después de 40 años de amistad entendió el mensaje de su rostro.
-Qué te pasa Raúl, que caripela tenés hoy
- Estoy cansado, dormí mal anoche.
-¿Problemas con Estela?
No, con Estela no
-¿Entonces?
-Anoche vi a una chica en el colectivo y desapareció, nunca la vi subir, tampoco bajar, era como un fantasma
-Vos también con el mismo cuento, Raúl, dejate de joder
-Cómo con el mismo cuento, de qué hablas
Sos el tercero que viene con la misma historia, Pedro y Martín vinieron con el mismo cuento hace unos días.
-Y porqué yo no sabía nada de esto…
-Porqué últimamente no le das bola a nadie Raúl, los muchachos lo contaron pero vos hace días que solamente te quejás de que estas cansado.
-¿Y que te contaron?
-Que se apareció de repente, se subió en la parada de la granjita esa que está cuando empieza la Rivera y que se baja en el cementerio. Los dos están cagados, no quieren agarrar más el turno de la noche. Andá a hablar con ellos, están en la portería
En cierto sentido lo tranquilizó saber que no estaba loco, y que si lo estaba, no era el único, porque había dos personas que juraban haber visto lo mismo que él vio anoche. Se alegró de haberlo contado.
Pedro y Martín estaban hablando con el portero sobre fútbol, Independiente le había ganado a Newell´s por 3 a 0, en un mal partido, el árbitro no había visto dos penales claros que le cometieron a Boghosian. El portero estaba enojado y les decía a los muchachos que el árbitro era un bruto
-Osvaldo me dijo que ustedes vieron a una piba en La Rivera que salió de la nada
-Sí Raúl, hace varios días que la venimos viendo- le respondió Martín
-Hablamos a la empresa, no queremos cubrir más el turno de la noche, esa mina me está volviendo loco- confesó Pedro
-¿Pero de donde salió?
-No sé Raúl, te digo que como apareció estaba pálida no sé cuando se bajó del coche, pero sé que se fue al cementerio, la vi entrar
-Me voy muchachos, tengo que subirme al coche, después la seguimos.
Los domingos eran los días que más le costaba a Raúl trabajar, llegaba tarde y veía solo unos pocos minutos a sus nietos, se perdía el partido y los mates con torta de manzana que le preparaba su esposa. Mientras pensaba en la tarde que no podía disfrutar, y en sus nietos, una pasajera le contaba que iba a visitar a su madre que había muerto hace unos años al cementerio de Andino y que le llamaba la atención la cantidad de gente que estaba enterrada allí por ser un pueblo pequeño.
Raúl seguía enterrado en sus pensamientos pero miraba el sol ponerse al costado de la ruta y esa imagen le agradaba, era una de las pocas cosas que a esta altura de la vida disfrutaba ser colectivero.
Habían pasado tantos años, conocido tanta gente, generaciones de padres e hijos había llevado por toda la región hasta los pueblos. Conocía tantas historias de vida y también de muerte de muchos pasajeros. El tiempo lo había vuelto más callado y apesumbrado, y hasta en ocasiones se sentía molesto cuando el pasajero se ponía detrás de él y le charlaba; pero lo único que disfrutó siempre fue mirar el atardecer en los campos de Andino y manejar en silencio.
Otra vez no la vio subir. La mujer que le hablaba de su madre muerta se había bajado unas cuadras antes y ahora no quedaba nadie en el coche. Nadie excepto ella, que como un espectro se colocó por detrás de él.
No le habló, pero la miró y le pareció que estaba más pálida que ayer. Quería hablarle preguntarle de donde venía o hacia donde iba, pero las tripas se le retorcían del miedo, al reencontrarse con una persona que no se sabía cuál era su estado de ¿vida? Muerta o viva estaba parada allí y no se movía, tenía ojos marrones y labios violáceos, de ojeras prominentes y pelo castaño cortado en forma desprolija por debajo de los hombros, no olía a nada, ni a muerto, ni a vivo, a nada, no tenía aroma.
-¿Cómo te llamás?- la pregunta le salió sin que su cerebro la procesara antes.
- Valeria- respondió ella sin expresión.
- ¿A dónde vas?
Ella no le contestó pero lo miraba a Raúl por el espejo retrovisor con una mirada impávida.
-Tenés mi campera le dijo Raúl, quien no se le ocurrió otra cosa para decirle ante tan extraña situación.
-Te la dejé allí- contestó en un susurro y desapareció de la visión del espejo retrovisor de Raúl, quien aturdido perdió el control de sus emociones y sintió que el shock adrenalínico lo iba a matar. Recordó sentir algo similar cuando un joven hace unos meses le robó la recaudación del día y lo amenazó con una cuchilla, pero esta sensación era mucho más poderosa, sentía que realmente su estómago iba a estallar en mil pedazos producto de una especie de droga que su propio cuerpo fabricaba. Esperaba que su corazón no le fallara.
Apretó fuerte el freno y el colectivo hizo un chirrido insoportable, no quiso razonar y se bajó del coche; su mente no tenía sombras, ni preguntas, ni imágenes que suelen aparecer en momentos de peligro. Frente a él, las puertas del cementerio de Andino, oscuro, iluminado por algunas luces tenues en el patio trasero
Uno de los cuidadores lo miró a Raúl cuando intentaba forzar el portón cerrado e ingresar al lugar.
- Está cerrado buen hombre-
- Déjeme ingresar, un minuto nada más, necesito averiguar algo, sino no voy a poder vivir tranquilo.
El cuidador que estaba frente a Raúl pensó que si estaba ahí a las 9 de la noche, debía ser algo realmente importante, no podía robar nada de allí, y si lo hacía el lo golpearía, pero confió en su palabra y le abrió el portón.
El cementerio era pequeño, pero su estructura no era sumamente antigua, poseía dos pasillos largos con nichos y un patio externo, donde los muertos estaban enterrados bajo tierra.
Había pinos y un camino que unía el patio, los pasillos y una pequeña sala, donde el sepulturero descansaba y tenía sus herramientas. 1500 almas descansaban allí eternamente.
Raúl recorrió el primer pasillo sin saber lo que buscaba, caminaba a paso acelerado, mirando nicho por nicho, placa por placa, mientras el cuidador del cementerio lo seguía.
-Estoy loco, pensaba en voz alta, no sé que estoy pensando, sin embargo continuó recorriendo todo el pasillo y giró a la derecha hacia el segundo corredor.
Cuando llegaba al final del pasillo, observó un bulto en el piso; caminó hacia él y sintió que su corazón le iba a fallar, que no iba a resistirlo como tampoco su estómago que no soportaba tanto retorcimiento.
Allí estaba, tendida sobre el piso frío del segundo pasillo, de color negra, de un cuero barato, pero que Raúl no se desprendía porque era un regalo de su mujer, la campera.
El chofer la recogió y se quedó paralizado no podía entender que su abrigo estaba tirado en el piso de un cementerio de Andino, que él en un intento de coraje y de locura había ido a buscar.
- ¿De dónde salió eso? Exclamó el cuidador del cementerio, ¡paso 10 veces por este pasillo y juro por la Virgen que no vi nada!
- Raúl no supo que contestarle, a esa altura, agradecía no haber muerto del susto.
Con la mirada perdida en un punto, Raúl entró en una especie de trance que duró unos segundos, sin comprender ni una sola de las oraciones que el cuidador le decía.
Reaccionó, levantó su mirada y su mirada quedó suspendida en una foto; en un nombre colocado en la lápida.
-Es ella- atinó a decir Raúl y el cuidador tuvo que sostenerlo porque un fuerte mareo le hizo flaquear sus piernas.
-Yo lo tengo hombre, tranquilo, esa es “la Valeria”, murió en el 2004, se ahorcó con un cable, porque se llevaba mal con el padre, y su novio la dejó, dicen.
Raúl miraba al hombre y sentía que había perdido la noción tiempo-espacio, no lograba entender que esa chica que le había dicho que tenía frío, estaba muerta.
Volvió al colectivo, los nervios estaban a flor de piel y esa noche no durmió temiendo encontrarla en sus sueños. Recordaba las palabras del cuidador del cementerio,” se ahorcó” se repetía una y otra vez para sí mismo.
Al día siguiente Raúl les dijo a la empresa que empezaría los trámites de jubilación, que hacía muchos años que trabajaba y que quería pasar más tiempo con sus nietos.
Se despidió de sus compañeros, y les contó el episodio del cementerio y se fue, no sin antes regalar su campera negra al indigente que dormía todas las noches en la puerta de los cajeros del Banco Bisel.
Ningún colectivero quiso volver a manejar hasta Andino de noche, y la empresa anunció modificaciones en los horarios del recorrido; el último servicio terminaría a las 21 horas.
La historia del espíritu de Valeria se convirtió en un cuento que se apropió de La Rivera, Andino y los pueblos de alrededor. Algunos dicen que cuando murió el padre de la joven, nunca más se la vio.

Enzo


- Quiero pegarle una trompada en la jeta a ver si se le acomoda el cerebro a esta Valeria, gritó Enzo a su mujer, la noche antes de que Valeria se quitara la vida ahorcándose con un cable en el fondo de su casa.
- Le dije que dejara a ese tipo, la droga la está consumiendo.
- No es así Enzo, no digas esas cosas, tu hija no se droga
- Mi hija es una falopera, ¡Nancy no la defiendas! Y ahora vuelve a casa, echála a la mierda, se piensa que es una pensión esto.
- Esta es su casa Enzo, que vuelva cuando quiera, que más querés así la podes tener controlada, no está pasando por un buen momento, se peleó con el novio y está angustiada
- Me importa un carajo, yo no quiero faloperos en casa Nancy, sentenció Enzo.
La relación entre padre e hija siempre había sido muy complicada, desde que Valeria era chica, Enzo tenía un mal genio y de adolescente discutían todo el tiempo.
Enzo se había dedicado toda su vida a ser comerciante, tenía un autoservicio con su hermano, pero luego de una fuerte discusión, ambos dividieron sus partes y Enzo abrió su propio negocio sobre la ruta. Su hermano hizo lo mismo a unos metros de distancia.
Los que recuerdan a Enzo comentan que tenía muy mal carácter, que se llevaba mal con sus cuatro hijos y que tenía una relación difícil con la gente.
Cuando Valeria creció, Enzo enfureció ante cada hombre que podía acercarse a su hija, no le pasaba con las otras dos, con Valeria los celos eran aún mayores. Cuando ella llevó su primer novio a la casa de manera oficial, Enzo, se fue a pescar y cuando regresó lo echó sin preámbulos.
Así se comportaba con todos los novios formales e informales que tuvo Valeria, aunque no fueran muchos, Enzo los despreciaba.
Cuando su hija llevó a Miguel a su casa, su padre, la abofeteó, le dijo que era una mala “junta” que dejara al muchacho porque tenia pinta de “drogadicto”. Valeria no accedió, le contestó que lo amaba y ahí la guerra padre-hija se declaró.
Con el tiempo, Valeria iba menos a su casa, se volvió más silenciosa y cuando estaba en su casa, pasaba el mayor tiempo en su habitación, con su novio.
-Otra vez esta ésta boluda cantando, sentí el olor que sale de esa pieza, se está drogando-
-Enzo dejá a los chicos tranquilos
-¿Tranquilos? se drogan en mi casa y vos me decís eso, estas loca Nancy.
El hombre brotó en cólera y de una patada quebró la puerta de la habitación de Valeria, allí encontró a su hija, fumando marihuana con Pablo, su novio, estaban semidesnudos y de fondo escuchaban un cantante con voces guturales, que alteraban aún más los nervios de Enzo.
-Andáte de casa, tomátelas Valeria.
-No papá, no me voy a ir
- Es mi casa esta y no te permito que te andes drogando
La sacó del brazo y la empujó hasta la puerta, hacía frío pero Valeria tenía tanta furia en su cuerpo que no lo sintió, salió con una camiseta y un jean a medio abrochar, con las zapatillas en sus manos y un bolso.
Enzo sufrió un ataque de presión alta esa noche, y los médicos tuvieron que calmarlo; estaba rojo, con sus ojos desorbitados y la respiración entrecortada.
Los chequeos médicos le detectaron una diabetes avanzada, y ese hecho lo marcaría hasta el final de sus días.
Su hija se fue a vivir a San Lorenzo con su hermana, y pocas veces venía a visitar a su padre, venía a escondidas a ver a su madre, y cuando se cruzaba con Enzo, comenzaban las discusiones.
- ¿Seguís con ese falopeirto vos?
- No le digas así, es mi novio y lo amo, nos vamos a casar
- Vas a terminar mal vos nena, le decía Enzo tajante.
- Calláte papá, no me rompas las pelotas.
- Te voy a internar, así te desintoxicas
Las peleas continuaron, y la presión del padre hacia la hija provocó que un día la joven dejara de ir a la casa de La Rivera. El solo tendría noticias de su hija, gracias a su esposa que visitaba a menudo a sus hijas, o por ellas mismas que ocasionalmente aparecían por el almacén, pero que Enzo, las despachaba rápido porque se negaba a darles paquetes de comida o dinero; pensaba que una vez que los hijos habían dejado de vivir de sus padres, deberían seguir por su cuenta y aprender a subsistir.
Enzo sabía que Valeria continuaba con esa relación maldita que tenía con Pablo; el culpable, para él, de que su hija menor ingresara al mundo de las drogas.

La tarde del 16 de marzo del 2004, Valeria aparece en la oficina del autoservicio y les dice que vuelve para siempre, se la veía muy desmejorada, había perdido peso, tenía ojeras prominentes y había caído en una depresión severa.
Nancy presentía que su hija había tenido una pelea con su pareja, y se lo comentó a Enzo; quien fiel a su conducta la rechazó desde el primer momento, pero con paciencia la mujer lo convenció y Valeria volvió a su casa.
Enzo la veía poco, pero cuando la veía pasar, envuelta en sus pensamientos, no podía dejar de sentir algo de pena.
Trabajaba todo el día en el autoservicio, la gente del pueblo la miraba y no podía creer que era la misma Valeria la que reponía los paquetes de fideos, y cortaba fiambre. Tenía 23 años, pero era una muerta en vida. Su padre le había dado más responsabilidades en el negocio para que intentara focalizar su angustia en su trabajo. Ella se comportaba en forma responsable, llegaba a horario, no faltó en toda la semana y hacía cualquier tipo de tareas; aunque su cuerpo estaba en un depósito acomodando cajas, su alma o, lo que quedaba de ella estaba en otra parte suspendida.

Fue Enzo quien la encontró muerta una semana después de que volviera a su casa. Su cara estaba hinchada, más pálida que nunca, sus ojos estaban desorbitados, y su cuerpo estaba rígido y pendía de una soga atada al ventilador de techo. Tenía su camisón blanco puesto y llevaba una hora muerta, por lo que informaron los peritos policiales después. También encontraron una carta dirigida a sus padres guardada debajo de una almohada.

El padre nunca se repuso de la muerte de su hija, fue un balde de agua helada para él, quien a pesar de que llevaba una pésima relación con su hija menor, era su sangre y ese se transformaría en su karma, durante los siguientes seis años.
La imagen del rostro de su hija lo acompañó día a día, noche a noche, y sentía que su mente era un vaso a punto de rebasar: gota, gota, gota, Valeria, Valeria, Valeria. Nunca se sintió culpable por no haberla ayudado cuando la vio volver tan frágil, pero si lo carcomía el hecho de no haberla internado cuando lo consideró necesario: “yo la hubiese enderezado”, decía para sus adentros.

La vida de la familia Cossiani, se acostumbró a vivir sin Valeria, el negocio seguía igual que siempre, y mejoraba notablemente en el verano, cuando la gente venía de otras partes, a disfrutar del río Carcarañá, y de los Campings que posee la zona.

Los otros hijos del matrimonio se fueron definitivamente de La Rivera y se radicaron en San Lorenzo y en Timbúes, a excepción de una de las hijas que todavía soltera, siguió viviendo con sus padres.

Mónica fue el paragolpes de los problemas emocionales de Enzo, y de su enfermedad que día a día le iba dejando huellas en su organismo. Tres años después de la muerte de Valeria, la diabetes le quitó el 80% de la visión y tuvo que aceptar ser ayudado por su hija y por su mujer.
El carácter se tornó más irascible que nunca, decía que prefería estar muerto a que lo lleven de acá para allá. No quería depender de nadie, y por su poca movilidad, comenzó a recluirse en depósito ubicado detrás del autoservicio, y pedía que nadie lo molestara; sólo estaba el, su gato, una calculadora y documentos.
Cuando peleaba con su mujer o su hija por dinero, o por cualquier otra situación, el hombre las amenazaba con que quemaría todo y se llevaría a la tumba todo lo que construyó.

Las últimas noches habían sido difíciles para Enzo, quien volvió a tener pesadillas con su hija, que se le aparecía vestida con el camisón blanco, tal como la encontró aquella mañana .Los calmantes no le surgían efecto y ya no distinguía la oscuridad de la noche con su propia ceguera.
El vaso finalmente rebasó una tarde cuando la última gota derramó el torrente de sentimientos de Enzo, sentimientos negativos, de odio, de bronca y de resentimiento. El estaba tratando de acomodar unas cajas en el depósito cuando la vio, sentada en un rincón con la mirada perdida.
- Mónica que hacés ahí
Nadie respondió a su llamado, pero Enzo, a pesar de su limitada visión sabía que había alguien allí.
-Mónica sos estúpida, contestále a tu padre, le gritó, pero la presencia seguía allí en silencio.
Enzo entendió que no estaba su hija mayor ahí, pero sabía que había otra persona, podía sentirla, aunque no tuviera la vista, tenía sus otros sentidos mas agudizados.
Una punzada le atravesó el pecho y allí entendió que no era Mónica quien estaba allí, sino su hija muerta, quien venía a llevárselo.

Preparó su muerte minuciosamente, se aseguró de que su esposa Nancy durmiera en la casa de adelante, aunque hacía 10 meses que estaban separados y no dormían juntos, lavó sus dos autos; buscó combustible en el taller mecánico ubicado a unos metros del comercio, y esperó a la noche.

Escribió una carta para su mujer y sus hijos y se llevó al gato al baño del depósito; esperó el silencio de la noche, y dedujo que nadie estaba despierto. Roció con combustible el depósito con su lancha, sus autos y su casa, y arrojó fósforos por toda la casa.
Cuando el fuego comenzó a devorar el lugar, el hombre se encerró en el baño, tomó una escopeta, y su revolver calibre 32 y se pegó un tiro en la boca.
La policía llegó a las 3. 30 horas de la madrugada junto a los bomberos que intentaron sofocar el fuego que había consumido el depósito y la vivienda, y amenazaba con expandirse al autoservicio.
Las llamas no tocaron el depósito, y el comisario de Oliveros, Dante Orlando, fue el primero en encontrar el cadáver de Enzo envuelto en sangre.
En uno de los bolsillos de su campera, el jefe de policía encontró una carta, casi ilegible para su familia que decía: “ me llevo a la tumba lo que es mío, no me entierren, crémenme y tiren mis cenizas por ahí, no se queden conmigo”

Valeria


Valeria leía la contratapa del libro que le habían prestado “Veronika decide morir” de su autor preferido, el brasilero Paulo Coelho. Tenía muchas expectativas en el contenido de sus páginas porque el autor siempre le daba a través de la narrativa, respuestas a aquellos interrogantes que Valeria se planteaba.
Se sintió identificada con el personaje de la historia desde el primer momento en que leyó la sinopsis del libro: “Veronika es una joven completamente normal, es guapa, no le faltan pretendientes, su vida transcurre sin mayores sobresaltos, sin grandes alegrías ni grandes tristezas” Si bien no se consideraba guapa, Valeria nunca tuvo problemas para conseguir hombres, pero su vida era un contante “NI”, ni felicidad, ni depresión.
El libro trataba sobre el intento de suicidio de la protagonista, y la intrigó el hecho de que el libro sitúa a la su protagonista en la posición de elegir seguir adelante con su vida o abandonarla cuando quisiera; y eso le parecía fascinante.
Nunca se había propuesto alguna meta importante en su vida, no tenía intenciones de casarse, tampoco tener hijos; no le molestaba trabajar en el autoservicio de su padre, pero había dejado la secundaria sin terminar, y no tenía intenciones de retomar los estudios.
Sin embargo, las constantes peleas con su padre, la hacían pensar en cambiar de vida, mudarse tal vez a otro lugar, como hicieron sus amigas, las pocas que conservaba en la Rivera, se habían marchado a Rosario, y a otras partes mayormente pobladas.
Conoció a Pablo una noche en una confitería bailable de Timbúes, cuando había salido con una amiga a bailar. El muchacho era alto, flaco, de nariz prominente, y de ojos saltones. A Valeria le gustó desde el primer momento, y borracha se acercó y le habló; bailaron parte de la noche y salieron juntos en el auto de él.
Comenzaron a salir, a frecuentarse más seguido, él vivía en San Lorenzo y viajaba día por medio a verla, al principio se iban a otro pueblo, a Aldao y pasaban el día juntos, pero cuando la relación se tornó más seria, Valeria lo llevó a su casa, ante la rabia del padre, quien no dudó en hacerlo sentir lo más incómodo posible a su nueva conquista.
Valeria sintió que por primera vez, se había enamorado de un hombre, Pablo no era como los chicos que había conocido antes, la trataba bien, la escuchaba y le decía cosas agradables, la llevaba a comer los viernes, y de vez en cuando iban al cine. La joven sentía que con él quizás podría llegar a pensar en tener una familia, lo que le pareció raro, nunca se lo había planteado antes con otro hombre.
Tampoco le importó la primera vez que Pablo, la invitó a fumar un cigarrillo de marihuana, una noche en Aldao, luego de salir a dar una vuelta en el auto de él. Ella no conocía el sabor del cannabis y le dio curiosidad, se sintió mareada, luego excitada, hizo el amor con Pablo dos veces y se durmió en el campo. Su primera experiencia con la droga había sido placentera, había tenido un orgasmo por primera vez en su vida, en 23 años, y se había sentido feliz.
Valeria había ingresado a una etapa diferente en su vida, se veía mas confiada en si misma, gracias a su novio que la alentaba a hacer cosas, como retomar la secundaria, estudiar algo que quisiera, y porqué no, si todo seguía bien, pensar en convivir, o al menos eso creía ella, que algún día llegaría el día en que Pablo daría el paso y se lo propusiera.
Sólo una cosa en su vida seguía siempre igual, y hasta empeoraba desde que Pablo llegó a su vida; la relación con su padre.
Cuando era pequeña, Valeria recordaba las palizas que Enzo le propinaba, por culpa de sus hermanas más grandes, ella no era tan revoltosa, pero Mónica y Julia, siempre la metían en sus travesuras. Recordó una vez que jugaba con sus hermanas dentro del autoservicio a la guerra; y que Mónica no tuvo mejor idea que tirarle un paquete de azúcar en la cabeza de Julia, y que esta le contestó arrojándole uno de harina.
La “guerra” terminó con varios paquetes de yerba, harina y azúcar desparramados por el suelo y con una patada voladora de su padre hacia la cola de Mónica, pero la peor parte se la llevó Valeria, que nunca olvidó las marcas de los cintos en sus piernas que Enzo le dio.
Cuando Enzo encontró a Pablo y a ella fumando marihuana en su pieza, creyó que iba a morir. Esa tarde sus padres le habían dicho que viajaban a Rosario a buscar mercadería, y aprovechó la ocasión y llamó a su novio para que la acompañase durante la tarde.
Pablo consumía marihuana todo en tiempo, y tomaba cocaína en ocasiones, pero a Valeria no le molestaba, porque nunca lo había visto violento cuando estaba bajo los efectos de la droga. Sentía curiosidad por ir más allá y probar otras cosas, pero tenía miedo de que le hiciera mal al estómago, o que drogada, quisiera matar a su padre.
El cigarrillo estaba delicioso, y se sentía tranquila, tenía sus sentidos conectados, y su líbido a flor de piel. Lo besó con fuerza, le mordió los labios mientras se sacaba la ropa y le quitaba la remera a él.
Nunca lo vio venir, sólo sintió la patada en la puerta de su habitación y el ardor de la bofetada que vino después. Los echó a ambos de la casa, le gritó que era una puta y que nunca más quería verla.
Valeria se mudó desde ese episodio s San Lorenzo con Julia, y empezaba a gustarle estar fuera del control de su padre; estaba más cerca de Pablo y creía que podía pasar más tiempo con él.
Sin embargo, ocurrió todo lo contrario, Su novio estaba más distante y la visitaba menos, le ponía excusas para no verse todos los días y cuando se veían, estaba más distante. Hacían menos el amor, y él solía irse temprano de su casa.
Para su primer aniversario de novios, ella preparó una cena especial, se compró ropa íntima sexi y llenó de velas y flores la casa. La cita era a las 21 horas, pero el llegó a las 11; con su cara transformada y le expulsó la frase que ella no quería escuchar:
“No sos vos soy yo”, oración trillada como pocas existen, y que les da derecho a los hombres a salir limpiamente de la vida de una mujer creyendo que ellas no se dan cuenta que siempre hay una tercera en discordia, que se apareció y que los obnubiló.
La primera vez que Valeria empezaba a construir su felicidad, sintió que había depositado su confianza en la persona equivocada y eso la destruyó. Los dos hombres que amó en su vida la arruinaron; su padre primero y ahora su novio.
No quiso seguir viviendo en San Lorenzo, porque no quería tener la desagradable sorpresa de cruzarlo en algún lugar de la ciudad, y volvió con sus padres; prefería soportar a su padre y no encontrarse a Pablo de la mano de alguna mujer.
Sólo pasó una semana en su antiguo hogar, se negaba a comer, no dormía y deambulaba cual espectro por los pasillos del autoservicio. El dolor y la traición son sentimientos despreciables en la vida de una persona, y Valeria no pensaba en otra cosa, durante los primeros días, hasta que sintió su cuerpo morir, antes de que decidiese ahorcarse.
Ese dolor en el pecho, cedió y se transformó en indiferencia, en vacío, en la nada; respiraba porque era algo mecánico, pero se dejó caer.
Se acordó de su libro, del autor que tanto le gustaba, y de la historia de Veronika, la joven que tomó un cóctel de pastillas porque no quería tener un futuro, en el que su vida fuera parte de una rutina. Valeria lo creyó igual y tomó una soga, la colgó del ventilador de su habitación, y tensó su cuello en el nudo que había hecho.
No tuvo tiempo de meditarlo, no intentó buscar alternativas, como tampoco terminó de leer el libro de Coelho, cuyo mensaje final era de esperanza y de amor. En la ficción, Veronika se salvaba por su amor hacia un hombre, en la realidad, Valeria se suicidaba por dos hombres; su novio, y su padre.
Dicen que aquellos que se suicidan, o que tienen cuentas pendientes en la tierra, sobrevuelan en un plano astral intermedio entre el cielo y el infierno. Sobre sus repentinas apariciones en los colectivos, colaboraron a construir una leyenda en el pueblo, del que nadie tuvo certezas, a excepción de los propios choferes, que siguen comentando la historia ocurrida años atrás.
Dicen que cuando murió Enzo el 30 de Abril de 2010, a Valeria nunca más se la vio en el cementerio…

sábado, 22 de mayo de 2010

El Blog, otro espacio de usuarios finales

Postítulo en Periodismo y Comunicación Social
Sociedad de Información y Medios

• Tramontini, Anabela
• Juan, Marcelo
• Botta, Matías





Quizás la creación de los blog represente la muestra más cabal de lo que son los usuarios-finales en Internet. Cada persona crea un espacio de expansión constante, una obra intelectual abierta a todo público. Es un bien u obra intelectual, una creación personal, con el soporte físico que le aporta la web.

Se transforma a partir de la interrelación con otros usuarios en un espacio de co-construcción, donde se intercambian o comparten esos bienes intelectuales. Cada publicación tiene un carácter común, de libre circulación, abierto a la necesidad de cada nuevo usuario.

Los bienes intelectuales y los soportes materiales terminan siendo controlados por las grandes corporaciones. Por ejemplo, el sitio blogspot es controlado por Google.

La red genera el valor de lo que hacemos. Cada usuario final tiene la posibilidad de otorgarle valor a su obra y a otras obras. Se convierte el blog en un medio de producción colaborativa.

Los blogs se configuran como el espacio donde los usuarios finales, publican obras u bienes intelectuale Son compartibles, no se basan en cosas materiales y a la vez que se va retroalimentando, va creciendo indefinidamente.

jueves, 7 de enero de 2010

Aprendizaje

Una vez leí que cuando alguien necesita respuestas, una opción es abrir un libro en alguna parte, y la respuesta aparecerá ante tus ojos.. Mas allá de creer o no, muchas veces suelo hacerlo cuando estoy angustiada, como lo estoy hoy; hoy que me duele la pérdida de un ser que aprecio, y más me duele ver como eso afecta a una de las personas que mas quiero en el mundo.
Dando vueltas, con lágrimas en los ojos, y ese dolor que traspasa la pérdida de alguien,porque es un dolor que molesta, que te pincha cerca del corazón y que te da vueltas todo el día, sin poder descifrar ue es lo que tanto molesta.
Decidí abrir Manual del Guerero de la Luz de Paulo Cohelo, mi autor favorito; y ahí estaba la respuesta que tanto me pincha y me incomoda.

"Un guerrero de la luz aprendió que Dios usa la soledad para enseñar la convivencia; usa la rabia para mostrar el infinito valor de la paz. Usa el tedio para resaltar la importancia de la aventura y del abandono.
Dios usa el silencio para enseñar sobre la responsabilidad de las palabras.Usa el cansancio para que se pueda comprender el valor del despertar. Usa la enfermedad para resaltar la bendición de la salud.
Dios usa el fuego para enseñar sobre el agua.Usa la tierra para que se comprenda el valor del aire.Usa la muerte para mostar la importancia de la vida..

Nada más para agregar... Hasta siempre